Dieciocho hombres de la 101

Posted on 21 marzo, 2011

16


Eisenhower visita a la 101 justo antes de su partida

“El sonido de los cuerpos al caer recordaba al de las sandías que caen por descuido de un camión”

 Sherman Oyler, paracaidista de la 101ª División Aerotransportada se refería a los dieciocho hombres que se estrellaban contra el suelo la noche del 5 al 6 de junio de 1944.

Preparación de aviones para lanzamiento (Op. Market Garden)

Formaban parte de la mayor operación aerotransportada que jamás se había puesto en marcha, y sin embargo era solamente la punta de lanza de la gran invasión.

 

Estos dieciocho hombres habían despegado de Inglaterra para ser lanzados detrás de las líneas enemigas, detrás del temible Muro Atlántico de Hitler. Su principal misión sería tomar las vías de comunicación necesarias para la penetración de las tropas que desembarcarían en Normandía a la mañana siguiente. 

Fortificaciones costeras

Rommel inspecciona las defensas del Atlántico

 ¿Conseguirían las fuerzas desembarcadas salir de las playas y establecer contacto con los paracaidistas? ¿Fracasaría el desembarco y quedarían irremediablemente aislados, solos, sin suministros, sin esperanza?

La misión a la que se les enviaba era terrible, pero era una causa noble y justa, la lucha por la libertad, el fin de la tiranía nazi sobre los pueblos oprimidos de Europa. Así empezaba la carta de Eisenhower que se había distribuído entre los hombres: “En este momento os lanzáis a la Gran Cruzada para la que nos hemos preparado durante tantos meses. Los ojos del mundo entero se dirigen hacia vosotros. Os acompañan las esperanzas y las plegarias de los hombres que aman la libertad en todo el mundo”

Paracaidistas embarcando rumbo a Normandía

Para muchos de estos hombres, quizá para nuestros dieciocho, este sería su bautismo de fuego. ¿Qué pensarían, qué sentirían?. Probablemente el miedo anidaba en el fondo de sus corazones, pero también la esperanza, la esperanza de volver a casa y el ferviente deseo de estar a la altura de sus compañeros, de no fallarles en este momento decisivo. Quizás algunos espíritus, conscientes del momento de la Historia que les había tocado vivir, apretaban los dientes dispuestos a acarrear con generosidad la responsabilidad que el destino había puesto sobre sus hombros.

El fuego antiaéreo comienza en todo su rigor, las aeronaves son zarandeadas una y otra vez y son muchos los que vomitan en sus cascos. Nuestros hombres, camino de la tragedia, se miran unos a otros y comprueban por última vez el equipo. Confían en sus compañeros, están asustados, pero estarán a la altura de lo que se espera de ellos, están dispuestos a soportarlo, no fallarán a la Historia.

Ya están en pie, es el momento, un oficial coordina los saltos, ¡Ahora! Uno a uno se lanzan a la oscuridad, valientes, ignorantes de su triste destino. ¡Qué crueles pueden ser el hado o el azar! Uno a uno, estos muchachos generosos, abnegados, capaces soldados, dispuestos a combatir con valor, van estrellándose violentamente contra el suelo, quedando esparcidos sus cuerpos en una siniestra hilera.

¡Qué horrible tragedia! ¡Qué amargo desperdicio de vidas! Huyendo del fuego antiaéreo el piloto ha descendido inconscientemente a menos de 150 m y lanzado a los hombres que transportaba. Ignorante de lo sucedido remonta el vuelo de vuelta a casa. Detrás quedan aplastados los sueños, las ilusiones, las capacidades y el valor de aquellos hombres, que ni siquiera han tenido ocasión de mostrar su entrega, de probar su valía, de luchar por volver a casa.

Omaha Beach - Robert Capa

Al igual que nuestros dieciocho, muchos otros hombres perdieron la vida durante aquellas horas. Abatidos por el fuego antiaéreo o al caer directamente sobre posiciones enemigas, nada más bajarse las rampas de las lanchas de desembarco o intentando abrirse camino en las playas. Como nosotros ahora tenían sus familias, sus amigos y sus anhelos, barridos por la vida de un plumazo

Cuando pienso en ellos me gustaría que supieran que más de sesenta años después, ciudadano de una Europa que ellos ayudaron a forjar, me siento conmovido y agradecido por lo que hicieron: enfrentar con generosidad y con valor, o con miedo y con resignación, aquella terrible empresa en la que el mundo les alistó.

 

Algunas fotos

Desembarco de material en Normandía

Paracaidistas de la 101 posan con una bandera Nazi capturada. 8 Jun 1944

Lancha de desembarco dirigiéndose a Omaha

 

 

 

votar

Anuncios
Posted in: Historia