Carter y Tutankhamon: acariciando la eternidad – parte I

Posted on 21 septiembre, 2011

4


Reproducción de la máscara de Tutankhamon - Foto por HoremWeb

A finales de 1922, después de varios inviernos de excavaciones en el tan trillado Valle de los Reyes, Lord Carnarvon y Howard Carter habían decidido hacer un último intento. Dedicarían este esfuerzo final a la zona que estuvieron a punto de excavar el primer año y que habían estado postergando desde entonces, aquella bajo los restos de las chozas que los sufridos trabajadores del antiguo Egipto habían ocupado durante la construcción de alguna de las tumbas.

Estaban a punto de protagonizar uno de los descubrimientos más fascinantes de todos los tiempos. ¿Qué se siente en un momento así? ¿Podríamos llegar a vivirlo, aunque sea a través de los ojos de otro? Sigamos la historia a través de estas citas de Dioses, tumbas y sabios, de C.W. Ceram, quien a su vez va citando al propio Carter:

Valle de los Reyes - Foto por Harry Burton

“El 3 de noviembre de 1922, empezó Carter a derrumbar las chozas de los obreros —lord Carnarvon se hallaba por aquella época en Inglaterra—; aquéllas eran fragmentos de cabañas de la XX dinastía. A la mañana siguiente, debajo de la primera choza se halló una grada de piedra. En la tarde del día 5 de noviembre se habían quitado tantos escombros que no cabía duda ya de que se había encontrado la entrada de una tumba.

Pero, ¿no sería acaso una tumba inacabada, no utilizada? Y aunque realmente albergase una momia, ¿no habría sido ésta violada y despojada como tantas otras?

Acaso, para no renunciar a ninguna posibilidad pesimista, la momia, si existía, era solamente la de un funcionario de la corte o un sacerdote.

El trabajo progresaba y la excitación de Carter iba en aumento. Una grada tras otra quedaban libres de escombros, y cuando, como sucede en Egipto, se puso de repente el sol, apareció el pie de la duodécima grada y «se percibía la parte superior de una puerta cerrada, tapada con argamasa y sellada».

«Una puerta sellada… Era, pues, realidad… Llegó el momento en que todo excavador se estremece.»”

Entrada a la tumba de Tutankhamon - Foto por Harry Burton - Archivo de la Universidad de Heidelberg

“Y cuando Carter, a quien la emoción producía escalofríos, taladró una mirilla en la puerta «lo bastante grande para poder introducir una linterna eléctrica», descubrió que el pasillo de detrás de la puerta aparecía completamente lleno de piedras, otra prueba convincente de la segura protección que había recibido la tumba.

Cuando Carter bajaba cabalgando a la luz de la luna, después de haber encomendado la vigilancia de la tumba a los obreros de más confianza, se debatía por adoptar una determinación. «¡Todo, verdaderamente todo lo que esperaba, podía hallarse tras este pasillo, por lo que me costaba un enorme esfuerzo dominarme para no echar abajo la puerta de entrada y seguir buscando inmediatamente!»”

Carter había vuelto a tapar la tumba a la espera de que Lord Carnarvon, su amigo y protector, regresara precipitadamente de Inglaterra. Seguramente fueron las semanas más largas de su vida.

Escaleras de entrada a la tumba de Tutankhamon - Foto por Harry Burton - Archivo de la Universidad de Heidelberg

“El día 24, por la tarde, los obreros desescombraron de nuevo toda la escalera. Carter bajódieciséis gradas y llegó ante una puerta sellada. Aquí vio las huellas claras y el nombre de Tutankamón; pero vio otra cosa más que prolongaba su inquietud angustiosa. Vio lo que hasta entonces casi todos los descubridores de tumbas faraónicas habían tenido que ver: que también otros se le habían adelantado. También aquí los ladrones habían intervenido.

«Y como ahora toda la puerta aparecía iluminada por la luz, podíamos ver algo que hasta entonces no habíamos percibido: que la puerta, por dos veces, había sido abierta y vuelta a cerrar; veíamos además que los sellos primeramente descubiertos con el signo del chacal y los nueve prisioneros, habían sido colocados de nuevo en las partes últimamente cerradas, mientras que los sellos de Tutankamón se hallaban en aquella parte de la puerta que aún conservaba su estado primitivo y, por consiguiente, eran los que originariamente habían protegido la tumba.”

Tras varios días de trabajos los hombres de Carter fueron desescombrando el pasillo que se extendía a lo largo de diez metros, hasta llegar a una segunda puerta.

“Sus esperanzas eran modestas, a pesar de lo cual la tensión aumentaba a medida que se quitaban escombros y más escombros de la segunda puerta. «Había llegado el momento decisivo —escribe Carter—. Con manos temblorosas practicamos una pequeña abertura en el ángulo superior izquierdo de esta segunda puerta…»”

Trabajos en la excavación de Tutankhamon - Foto por Harry Burton

“Carter, con gesto nervioso, rascó una cerilla, encendió una vela y la acercó al agujero; su mano estaba insegura.

Cuando, temblando de expectación y curiosidad, acercó sus ojos al agujero para poder echar una mirada al interior, el aire caliente que desde el interior buscaba una salida hizo temblar la llama de la vela. De momento, Carter no pudo distinguir nada, mas una vez que sus ojos se hubieron acostumbrado a aquella luz débil, vio contornos, luego sombras, después los primeros colores, y cuando se presentó ante su vista, cada vez con más claridad, lo que contenía la estancia tras la segunda puerta sellada, Carter no profirió exclamaciones de entusiasmo, sino que permaneció mudo… Así transcurrió una eternidad para todos los que esperaban ansiosos a su lado. Luego, Carnarvon, que no podía soportar por más tiempo tal inseguridad, preguntó:

—¿Ve usted algo?

Y Carter, volviéndose lentamente, dijo con voz débil que le salía de lo más íntimo de su alma, como si estuviese hechizado:

—¡Sí, algo maravilloso!”

“Estas palabras conservaron todo su valor aun al cabo de diecisiete días al abrirse la puerta. Entonces, la luz de una potente lámpara eléctrica brilló sobre los féretros dorados, sobre un sitial de oro, mientras que un resplandor mate descubría dos grandes estatuas negras, jarros de alabastro y arcas extrañas. Fantásticas cabezas de animales proyectaban sus sombras desfiguradas sobre las paredes. De uno de los féretros sobresalía una serpiente de oro. Como centinelas, dos estatuas se hallaban rígidas «con sus delantales de oro, sandalias de oro, la maza y la vara, y en la frente el brillante áspid, símbolo del poderío faraónico».”

Antecámara de la tumba de Tutankhamon tal y como la vió Carter por primera vez - Foto por Harry Burton 1922

“…pasó algún tiempo antes que Carnarvon y Carter se dieran cuenta de que, en medio de tal abundancia de tesoros preciosísimos, no se descubría ni un sarcófago ni una momia. De nuevo se planteaba el tan debatido problema: ¿era aquello un escondite o una tumba?Examinaron sistemáticamente todas las paredes y descubrieron que, entre los dos centinelas del rey, había una tercera puerta, sellada.”

Lo que Carter y Carnarvon habían encontrado hasta el momento bastaba por sí solo para revolucionar todo el conocimiento que hasta el momento se tenía del Antiguo Egipto. Jamás se había encontrado nada igual. Sin embargo los descubrimientos más impresionantes estaban aún por llegar…

Tumba de Tutankamon - El sello intacto del tercer sepulcro - Foto por Harry Burton… Continuará

Ir a parte II

Créditos:

Todas las fotos en blanco y negro son las tomadas en 1922 por Harry Burton y obtenidas del Archivo de la Universidad de Heidelberg (incluiré los links a los cuatro álbumes de Burton en la segunda parte).

La foto en color está tomada por Horem Web de la exposición sobre Tutankhamon creada por Rainer Verbizh y Britta Wauer a partir de reproducciones elaboradas por más de un centenar de artesanos egipcios.

Anuncios
Posted in: Exploración