Carter y Tutankhamon: acariciando la eternidad – parte II

Posted on 14 octubre, 2011

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Carter y Carnarvon abriendo la tercera puerta de la tumba de Tutankhamon - Foto Harry Burton (viene de Parte I)

“A mediados de febrero, la antecámara quedó desalojada. Se había logrado espacio suficiente para el trabajo que todos esperaban con el mayor interés. Ahora sería posible abrir la puerta sellada entre los dos centinelas, se sabría con seguridad si la cámara siguiente albergaba la momia.”


“Carter sacaba con el mayor cuidado la hilera superior de las piedras. Aquel trabajo era lento y difícil, ya que cabía el peligro de que se desprendieran algunas y cayeran al interior, donde podían destruir o deteriorar lo que se hallara detrás de la puerta.”

“…los presentes comenzaron a murmurar con voz apagada cuando, al cabo de unos diez minutos, Carter ordenó que le dieran la lámpara eléctrica y, atada a una larga cuerda, la introdujo por la abertura.Carter en la tumba de Tutankhamon - Foto por Harry Burton

Lo que entonces vio era inesperado, increíble y, en un principio, completamente incomprensible.

Carter se halló ante una pared brillante, y por más que miraba a derecha y a izquierda, no la podía medir. Dicha pared cubría toda la entrada. Introdujo la lámpara lo más adentro que pudo. No cabía duda de que se hallaba ante una pared de oro macizo.”

“Pero entonces Carter, Mace y Callender se dieron cuenta, al mismo tiempo, de lo que era aquella pared de oro. Estaban ante la entrada de la cámara sepulcral. Y lo que consideraban como pared era el costado anterior de un gigantesco féretro, sin duda el más precioso que jamás haya visto un ser humano. Era un gran féretro, cuyo interior contenía otros ataúdes, todos los cuales guardaban el sarcófago propiamente dicho con la momia.”

Reproducción de uno de los féretros de Tutankhamon

“Al punto se comprendió que la cámara sepulcral estaba situada aproximadamente un metro más abajo de la antecámara. Carter tomó la lámpara y la hizo descender. En efecto, se hallaba delante de un féretro tan grande que casi llenaba toda la estancia. Para caminar alrededor del mismo, Carter tenía solamente un pasillo de unos 65 centímetros entre féretro y pared. Además, tenía que moverse cuidadosamente, pues por todas partes había ofrendas allí dejadas para el muerto.”

“Permanecieron mudos; después, calcularon el tamaño del féretro. Más tarde una medición exacta dio el siguiente volumen 5,20 por 3,35 por 2,75 metros.

De arriba abajo estaba totalmente recubierto de oro, y en los costados tenía incrustados adornos de cerámica de un tono azul vivo, cubierto de signos mágicos en los que se invocaba la protección del muerto.Los distintos féretros que albergaban el sarcófago de Tutankhamon

Todos se preguntaban con ansiedad: ¿Habían tenido tiempo los ladrones para penetrar también en este féretro? ¿Habían profanado el sarcófago que contenía la momia? Carter descubrió que las grandes puertas del costado oriental se hallaban cerradas con pestillos, pero no estaban selladas. Con mano temblorosa, retiraron los pestillos transversales y abrieron las puertas, que crujían. Quedaron deslumbrados por el brillo de un segundo féretro. También las puertas de éste estaban cerradas con pestillo, pero en éste se hallaba un sello intacto.

Los tres exhalaron un suspiro de alivio. Hasta ahora, los ladrones se les habían adelantado. Pero aquí, ante la pieza más importante de la tumba, ellos eran los primeros. Hallarían la momia intacta, tal como fue colocada más de tres mil años antes.

Cerraron la puerta lo más suavemente que pudieron. Se sentían intrusos. Habían visto la pálida mortaja que colgaba del féretro. «Nos sentíamos en presencia del rey muerto y teníamos que demostrar veneración.»”

“Hacia las cinco de la tarde, tres horas después de haber pisado el sepulcro, todos subían de nuevo. Al salir a la luz del día, aún claro, el Valle les parecía cambiado, como iluminado por una nueva luz.”

“Se comenzó a quitar los ladrillos de la pared que había entre la antecámara y la cámara sepulcral. Luego se desmontó el primer féretro de oro. Éste contenía un segundo féretro, y en el segundo había un tercero.

El momento en el que Carter abre los féretros de Tutankhamon - Foto NY Times

Carter tenía motivos suficientes para creer que ahora tropezaría con el sarcófago. Describe cómo abrió el tercer féretro y cómo hizo un nuevo descubrimiento: «Con una exaltación reprimida, me dispuse a abrir el tercer féretro; nunca en mi vida olvidaré aquel momento, lleno de tensión, de nuestro fatigoso trabajo. Corté la cuerda, levanté el precioso sello, corrí los pestillos y descubrí delante de nosotros un cuarto féretro, parecido a los demás, aunque era aún más espléndido y estaba más bellamente trabajado que el tercero. ¡Qué momento tan indescriptible para un arqueólogo! De nuevo nos veíamos ante lo desconocido. ¿Qué contendría este último féretro?

Con la más profunda emoción corrí los pestillos de las últimas puertas no selladas, y éstas, lentamente, se abrieron. Ante nosotros, llenando todo el féretro, apareció el inmenso sarcófago amarillo, de cuarzo; estaba intacto, como si unas manos piadosas acabaran de cerrarlo. ¡Qué aspecto tan inolvidable, tan magnífico! Era más emocionante aún que el brillo del oro en los féretros. Sobre el extremo del sarcófago correspondiente a los pies, una diosa extendía con gesto protector los brazos y las alas como si quisiera retener al intruso. Llenos de respeto, estábamos nosotros ante este signo tan claro…»”

Sarcófago de Tutankhamon, Foto Sancho González GreenFoto por Sancho González Green

“Todos experimentaban de nuevo una tensión febril; pero ahora se hallaban realmente ante el último instante decisivo.

Se hicieron saltar algunos clavos de oro, fue levantada la tapa del último féretro con sus agarraderas de oro y se descubrió la momia. Tutankamón, a quien habían buscado durante seis años, se hallaba realmente ante ellos.

La momia de Tutankhamon«¡En tales momentos —dice Carter— se pierde el habla!»”

A Carter le cautivará la momia del joven faraón, su «… faz pacífica, suave, de adolescente. Era noble, de bellos rasgos y los labios dibujados con líneas muy netas»

Los tesoros procedentes de la tumba de Tutankhamon representan el más fabuloso hallazgo perteneciente al Antiguo Egipto, sin embargo no fue un faraón especialmente notable o poderoso en su tiempo. Quizás el reducido tamaño de su tumba ha sido lo que permitió a Carter descubrir su enterramiento intacto. ¡Imaginemos entonces la fastuosidad de las riquezas que debieron acompañar a los más poderosos faraones de Egipto! ¿Quienes fueron los ladrones que se hicieron con ellas? Sin duda su historia resultaría interesante, pero seguramente haya sido enterrada con el paso de los siglos. Algún día intentaré comprobar si se conoce la vida de alguno de ellos…

Gráfico explicativo de la tumba de Tutankhamon

La práctica totalidad del post está compuesto de citas del libro Dioses, tumbas y sabios, de C.W. Ceram, quien a su vez cita puntualmente al propio Howard Carter. Si habéis llegado hasta aquí seguramente disfrutéis del resto del libro, que de forma amena nos lleva por los grandes hitos de la arqueología, incluyendo el descubrimiento de la ciudad de Troya por Schliemann o el encuentro de los españoles de Cortés con el tesoro de Moctezuma.

Algunos links interesantes:

Fotos de Harry Burton: El archivo de la Universidad de Heidelberg nos ofrece cuatro pdf´s con sus fotos: 1, 2, 3 y 4

Amigos de la Egiptología: Gran página sobre el Antiguo Egipto

Egipto desde un globo: Fantásticas imágenes del fotógrafo y piloto de globos aerostáticos Sancho González Green en sus vuelos por Egipto. La foto del sarcófago en color es de Sancho.

Parte I de Carter y Tutankhamon en Mi Lawrence

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Posted in: Exploración, Libros