Desierto, motor y huevos de dinosaurio

Posted on 20 diciembre, 2011

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Expedición al Gobi, Mongolia, de Roy Chapman Andrews

A finales de 1923 Estados Unidos vivía pendiente de las noticias que llegaban desde una de las últimas regiones no cartografiadas del planeta, en la que uno de los últimos exploradores se encontraba a la cabeza de una expedición que parecía hecha a medida de aquellos alocados años veinte que la enmarcaban.

Coche 1924 - Felices años veinte

Grandes magnates del momento como J.P. Morgan, Colgate o John D. Rockefeller financiaban la expedición impulsada desde el Museo de Historia Natural de Nueva York. La serie de Expediciones Centroasiáticas, como se las denominó, se proponían la titánica tarea de rastrear el desierto de Gobi para llevar a cabo un completo estudio de su Historia Natural.

El hombre que lo había hecho posible y que se encontraba al frente de los trabajos de campo era Roy Chapman Andrews. Su extraordinario empuje y carisma, unidos a la osada y novedosa forma en que se había propuesto llevar a cabo la tarea, habían conseguido el decisivo apoyo de las fortunas de la época. Andrews lanzaría su flota de vehículos a surcar las arenas del Gobi, apoyados por una caravana de camellos que irían depositando los suministros en los puntos convenidos. A partir de estos depósitos el grupo iría peinando distintas áreas, funcionando en ocasiones en dos o tres unidades independientes para poder abarcar mayor territorio. La prensa, al igual que los patrocinadores, no se resistían al atractivo de lo que pronto calificarían de “expedición de lujo”.

Camello de apoyo a la expedición de Roy Chapman Andrews en Mongolia

El objetivo científio de las expediciones era llevar a cabo un completo estudio de la Historia natural de la región. Uno de los puntos que se esperaba poder demostrar (al menos así lo esperaban una parte de sus promotores) era que el origen del hombre había que buscarlo en Asia, no en África. En aquella época a más de uno le resultaba más fácil o deseable situar sus raíces cerca de la milenaria civilización china que en la todavía subdesarrollada África, el continente negro. A pesar de los esfuerzos de Andrews por explicar que los objetivos de la expedición eran amplios y variados, los medios redujeron todo a los suculentos titulares sobre la caza del eslabón perdido, del hombre mono.

Folleto de Dodge Brothers con motivo de la expedición de Andrews a Mongolia

Para la expedición de 1923 Andrews había conseguido que Dodge patrocinase la expedición, aportando los vehículos a cambio de poder utilizarlo publicitariamente. Cuenta Andrews que Fred Haynes, presidente de Dodge Brothers, les recibió a él y a su jefe de mecánicos diciéndoles “Bueno caballeros, Dodge Brothers emplea a veinte mil hombres. Díganos qué es lo que quieren y lo construiremos”. Dodge fabricó ocho coches para la expedición. Siete de ellos abiertos y equipados con planchas reforzadas, amortiguación y neumáticos especiales y depósitos adicionales de gasolina. El último era una unidad de serie de cinco pasajeros que se utilizaba en labores de reconocimiento.

Anuncio ABC 1926 Dodge y la Expedición de Andrews a Mongolia

Una oleada de escepticismo acerca de la viabilidad de una expedición motorizada rodeó la salida de Andrews. Pretender que estos vehículos iban a poder rodar a lo largo de miles de kilómetros de territorio salvaje era sinceramente cosa de locos, decían algunos, ¡la flamante flota de Andrews no sería más que despojos tras las primeras semanas de expedición!

La expedición de Andrews en su Cuartel General de Pekín

Sin embargo los Dodge demostraron estar totalmente a la altura de lo que se les exigió, y el magnífico equipo de mecánicos de la expedición, bien provisto de todo tipo de repuestos, fue siempre capaz de solucionar las incidencias que surgieron. De hecho, al final del viaje los coches se vendieron a comerciantes chinos que importaban lana desde Mongolia por más dinero de lo que habían costado. Nos cuenta Andrews como estos comerciantes cerraron el trato diciendo: “Al fin y al cabo sabemos que estos coches pueden hacer el trabajo, pues ya han estado allí. Quizás los nuevos no sean tan buenos”

Huevos de dinosaurio encontrados por la expedición de Andrews en el Gobi, Mongolia

A lo largo de varios años las Expediciones Centroasiáticas recogieron miles de fósiles y realizaron una importantísima labor científica. El esperado eslabón no apareció, de hecho en 1922 Raymond Dart encontró en África un homínido más parecido a un chimpancé que a un hombre, lo cual parecía zanjar definitivamente la cuestión. Sin embargo, en 1923 volverían con otro titular que daría la vuelta al mundo… habían encontrado los primeros huevos de dinosaurio.

Vehículos de la Expedición de Roy Chapman Andrews en Mongolia

Expedición de Andrews en Mongolia - Foto Hulton Archive

Más sobre Andrews:

Supe de Andrews por primera vez a través de este libro, regalo de mi amigo Diego antes de mi viaje a Mongolia:

El cazador del desierto, de Charles Gallenkamp

El mismo Roy Chapman Andrews escribió varios libros

Un Blog sobre Andrews y la expedición (en inglés): Whales, camps & trails

La página de la Roy Chapman Andrews Society

Más Sobre Mongolia:

Post en Mi Lawrence – Mongolia, pinceladas

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Posted in: Exploración