Desde lo alto de esas botellas doscientos años os contemplan

Posted on 10 enero, 2012

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1801 Gros, Bonaparte en el puente de Arcole

 

No soy un gran conocedor del mundo del vino y por tanto jamás se me habría ocurrido descorchar una botella que cueste mil o dos mil euros. Si de verdad vale lo que cuesta no creo que supiese apreciarlo, sería un absoluto desperdicio. Pero confieso que en un momento de desahogo económico me costaría menos descorchar con toda solemnidad, no es para menos, una de esas polvorientas botellas de cognac de principios del s.XIX.

 

Cognac Chateau Fontainebleau, Vieille Fine Napoleon 1811

 

La de 1811 es considerada entre los entendidos como una de las grandes añadas de la Historia, y en todo caso como la mejor del siglo XIX en los viñedos de Europa Occidental. Ya en aquel entonces no se recordaba un año mejor, el verano fue largo y caluroso, el otoño cálido y templado: las condiciones perfectas. Pero fue tal la calidad de la uva que los contemporáneos quisieron también achacarla al gran cometa que fue visible a simple vista durante los meses de septiembre y octubre de aquel año, exactamente los meses de la cosecha.

El placer que supone abrir una botella que ha permanecido cerrada durante casi 200 años (pues parece que esa añada no comenzó a embotellarse hasta la década de 1820) va mucho más allá de disfrutar de las cualidades organolépticas de la bebida. Al comenzar a retirar el precinto ha de ser inevitable que el corazón se acelere. La historia de esa botella comienza en pleno Imperio Napoleónico, cuatro años antes de la Batalla de Waterloo. El mismo Bonaparte paseó por los viñedos de la región ese año y compró una cierta cantidad como regalo para su hijo, nacido el año anterior. “Chateau de Fontainebleau”, “Cave de L’Empereur”, ¿provendría esta botella de las mismas bodegas de la residencia imperial? ¿Por qué manos, bodegas y países pasaría el preciadísimo cognac antes de llegar a nosotros, siempre a la espera del momento adecuado?

Sin duda elucubrar sobre las respuestas a estas y otras preguntas mientras disfrutas de cada copa es lo que nos puede llevar a pagar los alrededor de cinco mil euros que cuesta cada botella, que se subastan periódicamente en Christie’s o Sotheby’s.

Caso de que nos decidamos a ello será fundamental hacerlo en buena compañía (y compartir así no sólo el placer, sino también el desembolso). Y puestos a elegir, en cómodas butacas junto a la chimenea de uno de esos magníficos Chateaux, que llegado el momento podremos alquilar.. ¡por mucho menos de lo que nos cueste el cognac!

La botella: Christie’s

El Chateau: Simply Chateau

Chateau Fontainebleau, antigua residencia de Napoleón

Chateau Fontainebleau

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